lunes, 16 de mayo de 2011

Se paró el reloj.

Yo no escogí enamorarme de ti, pero la primera vez que te besé nuestros dientes se rozaron por una milésima de segundo... y fue increible. La hora exacta de ese beso eran las doce y diez, quité la pila del reloj, para que se quedase la hora detenida para siempre. Parada. El minuto exacto en el que me besaste está metido en un reloj, para siempre. Ya nunca sé que hora es, pero me da igual. Y desde entonces miro constantemente el reloj...

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